Todos los días conocemos casos de empresas que surgen y ganan éxito rápidamente con modelos de negocios innovadores basados en las diferentes posibilidades que la tecnología de hoy ofrece. Pero claramente, esa no es la realidad de todas las empresas. La gran mayoría nació en la era analógica y digitalizarse les demanda tiempo, recursos y planificación. Y muchas veces no se cuenta con la cantidad suficiente de estas tres cosas.

Según datos de IDC el 82% de las empresas medianas a grandes de Latinoamérica se encuentran en la etapa de exploración de la Transformación Digital. Y si bien estar avanzando en este proceso es claramente mejor que no hacerlo, ¿es suficiente? Lo cierto es que la transformación digital está poniendo a prueba el crecimiento de las empresas de todos los sectores, su capacidad de adaptarse al cambio y de interactuar con tecnologías que evolucionan y surgen constantemente. Todo esto en el contexto de dos desafíos centrales:

¿Qué hacer con el legado?

Sin dudas todas las empresas tienen en la mira transformarse; pero al empezar a hacerlo también comienza el dilema de la infraestructura legacy. ¿Qué hacer con los sistemas que la compañía ya tiene? ¿Son lo suficientemente flexibles como para acompañar esta transformación? Muchas empresas vienen invirtiendo hace décadas en su infraestructura, ¿es necesario empezar de cero?

La realidad es que, salvo en aquellos casos donde la infraestructura es obsoleta, no hay un único camino definido y absoluto al referirnos a la integración de la infraestructura. Estamos en un momento híbrido; es decir, vivimos en un contexto dónde el legado tiene que funcionar junto con la nueva tecnología. Lo que es recomendable es contar con el soporte de partners tecnológicos que estén buscando realmente cumplir las necesidades de la compañía y les hagan recomendaciones alineadas a las prioridades del negocio, pero considerando el impacto financiero también.

Algunos proveedores de tecnología se posicionan con “soluciones únicas” y sugieren actualizaciones parciales o totales del parque instalado. Pero desde el punto de vista financiero, esto no suele ser posible. En este sentido, los proveedores tenemos el deber de buscar la mejor recomendación que incluya tanto al legado como a las nuevas tecnologías.

Liderar la transformación de las personas

A la par que la empresa comienza a transformarse debe empezar a liderar el cambio de cara a su propio staff. Debe considerar que el factor humano en la transformación digital es fundamental. Y debe prepararse para liderar ese movimiento sabiendo que la transformación digital no implica solamente implementar nuevas tecnologías, se trata de un cambio de paradigma que pone en el centro a las personas, quienes en definitiva serán los que crean o no en las ventajas de la digitalización, los que impulsen o no su adopción y finalmente los que generen o no cambios en la forma de trabajar. En este sentido, es importante tener en cuenta las prioridades y motivaciones profesionales de las personas, y sus preferencias personales. Es un grave error de muchas compañías el creer que las personas se adaptarán a los cambios sin que haya un impacto en su productividad y motivación; y estos son factores críticos a considerar ante cualquier cambio.

A pesar de los diferentes desafíos el camino a seguir es claro: hay que transformarse. Pero pueden hacerlo siguiendo una estrategia equivocada pensando que la Transformación Digital es solo implementar lo último en tecnología; o pensarla como una oportunidad de reinventar el negocio y de relacionarnos mejor con clientes y empleados que ya son digitales, manteniendo una mirada integral.

Por Samir El Rashidy,
Director de preventas y alianzas para América Latina de Orange Business Services