La transformación digital es, desde hace un tiempo, tema obligatorio en todos los segmentos: desde el World Economic Forum, celebrado en Davos, Suiza, hace unos meses, hasta el local más chico de un barrio porteño. Es inevitable: los avances digitales abarcan todas las áreas de la vida y la economía digital es una realidad a la que incluso las pymes y los emprendedores deben aggiornarse (o en especial ellos) para ser competitivos y mantenerse en el mercado.

En el marco corporativo, la transformación digital implica llevar a ese plano todo el negocio: desde la gestión completa de la empresa a partir de un sistema ERP hasta herramientas para conocer al cliente a fondo, para aprovechar al máximo los talentos del personal, para lanzar rápidamente nuevos productos y servicios innovadores o para atender de manera transparente desde cualquier canal. En los hechos, la transformación digital genera una estructura más estable con costos más bajos.

Lo más interesante es que no se trata de futurismo ni ciencia ficción. Esto ocurre ahora. Sin embargo, la evolución es tan vertiginosa que resulta difícil determinar en qué etapa nos encontramos. Los expertos aseguran que apenas cruzamos la mitad del puente, que existe una diversidad de aplicaciones y funcionalidades que aún no están siendo aprovechadas al máximo de su potencial: desde la gestión de enormes volúmenes de datos (big data) combinado con herramientas analíticas hasta las herramientas de colaboración, inteligencia artificial o consumer choice y, fundamentalmente, internet de las cosas. Se prevé que una heladera podrá hacer sola el pedido al supermercado cuando se le acabe un alimento y que la compra será pagada automáticamente con una tarjeta de crédito asociada. Saber que es posible y que haya muchos desarrolladores trabajando en esa dirección es la demostración de que hay una mitad del puente ya recorrida.

Los empresarios pyme, en particular los de generaciones anteriores, tal vez sean los más reacios a incorporar tecnología. Sin embargo, la necesidad está aquí y es imperiosa, por lo que es necesario que atraviesen esa barrera cultural.

La transformación digital puede realizarse por etapas. Para una pyme, contar con un ERP ya es un verdadero avance. La nube es una tecnología que democratizó de manera definitiva el acceso a la innovación: hoy se puede contar con el mismo nivel de soluciones que las grandes corporaciones sin tener que realizar grandes inversiones iniciales en equipamiento o licencias de software. La movilidad, por su parte, pone en las manos del ejecutivo, en cualquier momento y lugar, las herramientas para llevar adelante su trabajo, tomar decisiones informadas, resolver problemas a tiempo…

Por todo esto, es hora de que cada empresario mire adentro de su organización y se pregunte: “¿Qué tan transformados digitalmente estamos?”.

Por Blas Briceño,
presidente de Finnegans y secretario de la Cámara de Empresas de Software y Servicios Informáticos