A la hora de informatizar sus tareas, los principales problemas con los que se encontraban las PyMEs eran que todos los ERP estaban destinados a grandes corporaciones. No existían ERP tan estructurados ni configurados a la medida de las empresas más chicas, y también había una gran barrera en cuanto a lo económico, en las licencias y la implementación.

Estos obstáculos hacían que el proceso de implementación fuera muy largo y por lo tanto muy costoso en honorarios profesionales. A esto se sumaba la necesidad de tener una infraestructura tecnológica para poder instalar el software de manera local, o una estructura dentro de la empresa para el mantenimiento de los servidores.

En resumen: las grandes barreras eran el hardware, el costo de consultoría y de las licencias.

Pero con los años, las PyMEs comenzaron a darse cuenta de la necesidad de implementar este tipo de herramienta, al tiempo que el mercado de soluciones informáticas comenzó a ver a las PyMEs como un plaza atractiva.

Empezaron entonces a aparecer soluciones pre-configuradas, reduciendo el costo de implementación ya que con esta propuesta no se necesita de mayores especificaciones, relevamiento ni configuración. Así, hoy es la misma PyME la que se adapta a una configuración existente, y con una rápida capacitación la empresa puede comenzar prontamente a utilizar una solución integral.

La otra gran barrera que eran las licencias, se elude con las soluciones SaaS (Software as a Service) de alquiler, habiendo una opción de cuota mensual en vez del pago inicial para la adquisición de las mismas. Y finalmente, con las soluciones en la nube, también se termina de sortear el ùltimo obstáculo: el de la necesidad de hacer una importante inversión en hardware y en actualizaciones.

Desde otro punto de vista, además, las implementaciones hoy están enfocadas al nicho, al segmento vertical al cual cada PyME pertenece. Es decir que no solamente se ofrece una pre-configuración con respecto al back office, sino también al mercado en el cual la empresa se desarrolla: agropecuario, construcción, alimentación, servicios, etc. De esta manera se minimizan mucho los errores en la implementación, ya que se puede partir de software con una preconfiguración también del segmento.

Es así como el ERP se puede implementar sin la necesidad de un gran relevamiento para reducir costos iniciales, pero con un buen sistema preconfigurado tanto en lo horizontal como vertical. Se parte de un piso funcional tan alto, que se logra una gran eficiencia en la implementación, minimizando los errores en cuanto a la no informatización de todas las funcionalidades de la empresa.

Finalmente, otro aspecto a tener en cuenta es la resistencia que puede generar en el personal todo el proceso de cambio.

En las grandes corporaciones hay controles cruzados, de manera que por más que no tengan un ERP totalmente integrado, ya existe una cultura de control. Pero en las PyMEs, a veces la puesta en marcha de un ERP termina funcionando como una reingeniería de procesos y de nuevos controles. Es allí donde se encuentran resistencias al cambio en diferentes sectores que antes no eran controlados – o quizá no de una manera tan integral como lo estarán ahora – y aparecen usuarios finales que terminan rebelándose a la propuesta.

Ante esta situación, la estrategia ideal es hacer que el usuario pueda darse cuenta del valor que va a tener el ERP en su trabajo del día a día, por ejemplo para conseguir y visualizar la información que a diario necesita con un menor costo, en que no haya duplicidad en la carga de información, o en que pueda ver minimizado su esfuerzo para resolver una cantidad de tareas.

Por Matías Stortini,
Gerente Comercial de Finnegans